Hace unos días estuve en Londres de turismo. Cerca de la Catedral de St. Paul, me encontré con un grupo de gaiteros que se disponían a emprender una marcha con recital.

Destacaban en toda la calle porque todos iban vestidos con la indumentaria típica. Mientras ensayaban, se podía diferenciar varios grupos dentro del colectivo, según la proxémia, se infería la afinidad entre los miembros.

Me llamó la atención un hombre en concreto, algo separado de su grupo, con postura firme, gafas de sol y los brazos tatuados. Aún llevando el mismo uniforme que los demás, me chocó esa disparidad de imagen, por lo que me vino a la mente cómo pueden engañar las primeras impresiones.

Es curioso cómo se forman las primeras impresiones que nos hacemos a causa de la apariencia que muestra cada uno. Es un proceso neurológico que consta de cuatro fases secuenciales en el tiempo.

Primero, se percibe la información por la vista, fijándose cada uno en los detalles que le llaman la atención. La importancia que se le da a esos detalles es subjetivo para cada persona, en mi caso, me llamó la atención los tatuajes.

Después, pasamos a la fase en que nuestro cerebro supone cómo será la personalidad del individuo, basándose en esos detalles escogidos en un primer momento. Mi suposición fue que al llevar tatuajes, sería más cercano y accesible que el resto.

Seguidamente, se realizan nuevas conexiones determinando otros rasgos de personalidad que podría tener el sujeto. Consideré que la forma de pensar de este hombre, sería más abierta y actual.

Finalmente toda esta información, se procesa y se asume como real para actuar en consecuencia a la situación en la que te encuentras con esa persona. Mi actuación fue acercarme y pedirle una foto.

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Basándonos en el aspecto, la primera impresión siempre provoca algún tipo de pensamiento, puede ser positivo porque nos ha gustado o nos sentimos identificados, afines, con ello o puede ser negativo porque nos causa rechazo o porque socialmente se considera malo, momento que estará vinculado a los prejuicios.

El aspecto de este hombre estaba comunicando, nos informaba sobre su edad, valores, estado anímico, identidad. Dentro de su colectivo parecía que no se identificaba con los miembros cercanos, quería diferenciase de ellos, por lo que mostraba su aspecto más llamativo y diferenciador, sus tatuajes. Ese, es el que me hizo reaccionar a mí y elegirle para mi álbum de fotos.

Aunque en la mayoría de ocasiones nos basamos en la primera impresión para interactuar con una persona desconocida, no hay que olvidar que es más importante el aspecto interior del individuo y que si el mensaje que está transmitiendo con su comunicación es el adecuado a la situación, podremos tener un acercamiento positivo.

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